Corriendo hacia el fin del mundo

Felipe Cancino  /  6 Min Read  /  Trail Running

Explorando a pie las tierras públicas de Sudamérica.

Corriendo a lo largo de la costa, justo antes de que llegue la tormenta. Península Mitre, Tierra del Fuego, Argentina.

La Patagonia es un área geográfica ubicada en el extremo sur del continente americano, compartida políticamente entre Chile y Argentina, cuya frontera natural es la Cordillera de los Andes. La región es conocida, pero extremadamente salvaje, y la conservación ha jugado un papel importante. También es la razón principal por la que decidimos hacer un viaje para explorar el “fin del mundo”, principalmente a pie.

En febrero pasado, mi novia y yo condujimos desde Santiago hacia el sur de Chile, con un plan para recorrer algunos de los lugares más salvajes de la Tierra. Nuestra primera parada, después de un largo viaje al sur del continente y hacia el otro lado del Estrecho de Magallanes, fue el Parque Natural Karukinka (“última tierra de hombres”, en el idioma nativo) en la isla de Tierra del Fuego. Este es un parque privado, parte de Wildlife Conservation Society, que funciona como un laboratorio al aire libre en el extremo sur del continente. Preservar los diferentes ecosistemas de Tierra del Fuego es un objetivo esencial de la organización, y nos impresionó su vocación y energía.

Una de mis cosas favoritas sobre correr en la Patagonia fue movernos a través del bosque. El suelo ofrece tanta amortiguación que casi se siente como correr sobre una alfombra. Los guanacos se ponían muy curiosos cada vez que pasábamos cerca de un grupo de ellos. La puesta de sol en esta latitud fue diferente a todo lo que habíamos visto alguna vez, y los cielos de noche parecían estar tan cerca que uno podría tocar las estrellas.

Corriendo hacia el fin del mundo

Ritual de la mañana. Después de una ronda de mate y un desayuno ligero, Felipe se prepara para un nuevo día de exploración. Foto: Rodrigo Manns

Nuestra siguiente parada fue el Parque Nacional Yendegaia, ubicado en el corazón de la Cordillera de Darwin. Para entender este lugar es importante conocer algunas piezas de la historia de la conservación del sur de Chile. La ganadería ha sido durante mucho tiempo una de las industrias dominantes en la Patagonia. También fue una actividad que impulsó uno de los mayores genocidios en la historia del continente y exterminó a los pueblos originarios que vivían en esta área. Las cicatrices de esta industria aún son evidentes en toda la Patagonia. Finalmente, estas tierras fueron vendidas y compradas por organizaciones que vieron la oportunidad de restaurar y proteger estos lugares. Conservation Land Trust compró Yendegaia y en 2014 lo donó al gobierno chileno, que declaró el área como parque nacional. Hoy el parque está declarado, pero no desarrollado. No hay infraestructura, por lo que sigue siendo principalmente salvaje.

Pero aquí es donde las cosas se ponen interesantes. El gobierno chileno ahora está construyendo un camino junto al ejército, que está a cargo de abrir una ruta por tierra. Este camino permitirá la conectividad con el país y el acceso al parque, pero también cambiará este lugar para siempre. Mientras el ejército trabaja en el área con explosivos y grandes maquinarias han negado el acceso al público, lo que nos habría impedido llegar a conocer ese lugar tan importante para nuestro viaje.

Corriendo hacia el fin del mundo

Viajar a pie por estos lugares remotos exige una buena cantidad de resolución de problemas y una colección de habilidades. Foto: Rodrigo Manns

He estado en áreas realmente remotas antes, pero esta vez la experiencia fue diferente. Fue completamente salvaje y superó todas las expectativas.

Desde allí nos dirigimos a Ushuaia, conocida como la ciudad más austral del mundo. Nos quedamos con amigos a quienes había conocido en una carrera unos meses antes. Fede y Facu nos estaban esperando y, como buenos anfitriones de trail running, tenían planes para nosotros. Nos adentramos en las montañas y seguimos atravesando cumbres altas, pasando por glaciares, tundra, ríos y bosques a lo largo del camino.

También aprendimos acerca de un lugar llamado Península Mitre, del cual sabíamos poco, excepto que es el extremo de la isla que se extiende hacia el Océano Atlántico. Cuando lo miras en el mapa, parece realmente el “final del final”. También es uno de los últimos lugares verdaderamente salvajes en Argentina, un país similar a Chile donde la extracción de recursos naturales es una presión constante. Península Mitre también ha jugado un papel importante para la vida silvestre. Muchas especies diferentes migran aquí cada verano, ya que es rica en recursos marinos. Los lugareños han presionado al Parlamento argentino para proteger la Península Mitre y muchas organizaciones sin fines de lucro, científicos, organizaciones de turismo y guías, conservacionistas y algunos políticos, han unido sus fuerzas para tomar medidas. Quieren regular el uso de estas tierras públicas y, en última instancia, presionar para declarala un área protegida oficial en la provincia. Esta lucha lleva ya 30 años sin ninguna acción concreta tomada por el gobierno.

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Un inesperado día de calor en Ushuaia anima una escapada a las filosas cumbres y lagos alpinos del Glaciar Los Vascos. Foto: Rodrigo Manns

Todo esto fue motivo suficiente para que fuéramos a darle un vistazo. Nos pusimos en contacto con Adolfo, uno de los principales activistas en Ushuaia y quien lleva más de 20 años guiando personas en Península Mitre. Estaba llevando a un grupo de científicos a caballo para estudiar una colonia de leones marinos en la costa de la península y se ofreció amablemente a llevarnos también. Pudimos correr y estar con ellos al final de cada día. Pasar tiempo juntos nos dio una perspectiva interesante sobre la historia del área, lo que la hace tan única y las continuas amenazas a su protección.

Península Mitre es un lugar salvaje e indómito, pero también muy afectado por las acciones de los humanos. Las huellas dejadas por la industria ganadera aún son muy frescas y contrastan profundamente con un lugar que es magnífico. Este es un rincón del mundo donde la naturaleza lo gobierna todo. El viento, las mareas, la lluvia, la nieve y la falta de agua dulce obligan a la flexibilidad y aprender a vivir cómodamente en este ambiente hostil que ofrece recompensas tan altas. Correr aquí es una de las oportunidades más especiales que he tenido en mi vida.

Hasta aquí ya habíamos estado viajando por más de siete semanas. La isla de Navarino, justo al otro lado del canal Beagle donde se ubica el sendero más austral del mundo, era nuestro último destino. Parecía factible, pero cuando el puerto cerró durante dos días debido a vientos extremos, no estábamos seguros de poder llegar ahí. Entonces los dioses decidieron darnos una oportunidad. Empacados y listos durante los últimos dos días recibimos la llamada telefónica diciendo que la marina tenía “luz verde” para zarpar, así que tomamos todo y fuimos al puerto.

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Los caballos son una especie no nativa en Tierra del Fuego, pero se han convertido en parte de la vida silvestre de la isla. Foto: Rodrigo Manns

Con el pronóstico meteorológico y el poco tiempo que nos quedaba, no parecía que pudiéramos hacer todo lo que queríamos. Teníamos que ser estratégicos. El primer día caminamos lo más lejos que pudimos y establecimos un campamento en uno de los lugares más especiales en los que he estado. Podíamos ver el Cabo de Hornos desde el campamento. Más allá de ese pedazo de tierra a la distancia no hay nada más, hasta la Antártica.

Al día siguiente nos pusimos nuestras zapatillas, enfilamos hacia la cima del Monte Bettinelli y de allí al lago Windhond. Es lo más al sur que puedes correr en el sendero más austral del mundo. Al día siguiente, nos despertamos cansados ​​con la nieve cayendo suavemente.

Correr en senderos es una forma diferente de conectarse con los lugares y las personas que viven allí. Cuanto más aprendemos del mundo natural, más probabilidades tenemos de involucrarnos y respetarlo. Nos alegramos de ver los muchos esfuerzos que hay para proteger estos lugares en el fin del mundo, para las especies que viven allí, para las generaciones futuras y para nosotros. Si todos pudiéramos entender que la conservación no solo pretende proteger un lugar hermoso, sino que es una herramienta que tenemos para proteger nuestro planeta, entonces creo que todos valoraríamos más su importancia. El trail running es una excelente forma de comenzar.

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