Omitir y pasar al contenido principal
Gastos de envío gratis desde 100 €

Información de envío

Hacemos todo lo posible por procesar y enviar los pedidos en 1-2 días laborables (de lunes a viernes, excepto festivos). Te rogamos que, siempre que sea posible, elijas el envío estándar para reducir nuestro impacto ambiental. Si tienes alguna duda sobre tu pedido, puedes contactar con nuestro servicio de atención al cliente, que estará encantado de ayudarte.

Más información

Información de envío

Devoluciones

¿No sabes qué talla elegir? ¿No te decides entre varias chaquetas? Nuestro servicio de atención al cliente está aquí para ayudarte. No tenemos límite de tiempo para devoluciones y aceptamos productos de la temporada actual y de temporadas anteriores. Cuantos menos envíos innecesarios, mejor.

Cómo funcionan las devoluciones

Inicia tu devolución

Atención al cliente

Devoluciones

Garantía Blindada

Garantía Blindada
Garantizamos todo lo que fabricamos. Si no estás satisfecho con uno de nuestros productos al momento de recibirlo, o si uno de nuestros productos no cumple con tus expectativas, devuélvelo a la tienda donde lo compraste o a Patagonia para su reparación, reemplazo o reembolso.

Ver Garantía Blindada

Tres Horas, Máximo

Will Leith  /  febrero 19, 2019  /  Trail running, Deportes

El mapa mostraba una línea continua que contorneaba hasta el filo. Comenzamos a correr por esa línea y seguimos más allá de ella, hacia el espacio entre dos mundos. Algunas cintas naranjas colgaban de las ramas en los claros, marcando lo que podría haber sido el inicio de un sendero. Lo seguimos. Cuando un montículo de grava se nos apareció en el camino, sin huellas humanas y sin más cintas naranjas, decidimos seguir. Tal vez el camino era continuo solo en una corta distancia. Optimismo ciego, creo que se llama eso.

Walker me dio unos golpecitos en el hombro y dijo, “Hey, tengo esta travesía en mente…

Cuarenta y ocho horas atrás estaba sentado en mi mesa de trabajo en The Forge, el centro de Investigación & Desarrollo Avanzado de Patagonia. A mis espaldas, las máquinas cantaban su hermosa canción en stop-motion, una amplia serie de pulsos ligeramente sincopados de agujas perforando y arrastres pasando tela. Seis pulgadas, alto. Seis pulgadas, alto. Amo estas máquinas. Mientras redactaba un correo, Walker, que dirige nuestro programa de evaluación de productos en terreno,  me dio unos golpecitos en el hombro para decir que tenía una travesía en mente, un circuito desde su casa hasta la reserva del río, un lugar en el que ambos hemos corrido cientos de veces. “Puede que haya que caminar un poco entre los matorrales”, dijo. “Pero deberían ser dos o tres horas en total”. Mi respuesta fue, “Seguro ¡cuenta conmigo!”.

Eso fue entonces. Ahora estoy gateando y rechinando los dientes mientras el denso follaje dibuja líneas rojas por todo mi cuerpo excepto mi estómago. Habían pasado cuatro horas cuando me arrastré fuera de las zarzas hacia una pequeña apertura en el filo e hice una pausa para recomponerme. Estoy a punto de quedarme sin agua, y el sorbo que tomo se seca a penas pasa por mi lengua. Miro el sol, luego mis manos. Estamos sin comida desde hace un buen rato. Nos paramos y caminamos un par de metros hasta que las zarzas nos obligan a volvernos cuadrúpedos nuevamente.

Durante el último kilómetro y medio caminando entre los matorrales seguimos el vago recuerdo de un sendero. No podemos correr, pero podemos caminar sin quedar ensangrentados por el malévolo follaje. El optimismo vuelve al cuerpo, y luego, al final de esta línea, la sección de zarzas más densas y crueles del día se yergue entre nosotros y el irregular final de este sendero cortado. Superan mi altura en más del doble, impenetrablemente densas hasta el suelo. Trepo adentro de esta maraña y quedo inmerso durante 12 oscuros y turbulentos metros. Y entonces, somos libres.

Ocho horas y media después de empezar a correr, salimos tambaleando de las zarzas hacia un vecindario y directo a la casa de un amigo que vivía cerca y donde una parrilla estaba encendiéndose. Los recipientes de fruta y salsas aún están cerrados, y la casa se ve limpia. Sin saber muy bien lo que hago, meto comida en mi boca mientras Walker cuenta la historia de nuestra corrida. Hacemos un esfuerzo por no ensangrentar ningún mueble. El chaparral comienza a retroceder lentamente en mi memoria, siendo reemplazado por la comprensión de que no importa cuán bien creas que conoces un lugar, a veces te recordará brutalmente lo mucho que aún tienes que aprender.

Esta historia apareció originalmente en el catálogo de Primavera 2018 de Patagonia

Patagonia Ironclad Guarantee Icon

Garantizamos todos los productos que fabricamos.

Ver Garantía Blindada
Patagonia Ironclad Guarantee Icon

Asumimos la responsabilidad de nuestro impacto.

Descubre nuestra contribución
Patagonia Ironclad Guarantee Icon

Apoyamos el activismo de base.

Visita Patagonia Action Works
Patagonia Ironclad Guarantee Icon

Mantenemos en marcha tu equipamiento.

Visita Worn Wear
Patagonia Ironclad Guarantee Icon

Destinamos nuestras ganancias al planeta.

Lee nuestro compromiso
Búsquedas populares