Fundador y antiguo director general de Patagonia
Después de donar Patagonia en 2022, he estado trabajando más duro de lo que una persona de 87 años debería. Las amenazas de la salud planetaria van en aumento. Tanto la crisis climática como la natural están empeorando y la verdad ha quedado oculta en un mar de mentiras y desinformación. Aunque he retomado mis raíces respecto al diseño y a la calidad de nuestro producto, la situación es diferente. Siento una responsabilidad aún mayor de ayudar a que la empresa tenga éxito y rebatir el modelo de capitalismo extractivo existente.
Nunca había sido tan difícil.
Con el traspaso de la propiedad en 2022, logramos garantizar que los valores de la empresa se mantuvieran intactos para siempre. Además, encontramos una manera de distribuir más dinero en pos de salvar el planeta. Sabíamos que tendríamos otras cuestiones por resolver en el camino, pero nunca imaginamos que afrontaríamos guerras comerciales que causan estragos en la economía global junto con un ataque a la naturaleza y al medioambiente.
El objetivo de Patagonia nunca han sido las ganancias, pero el dinero y la forma de dirigir la empresa son dos de las herramientas más eficaces que tenemos para proteger la naturaleza. Nuestra empresa está enfocada en salvar el planeta, pero está a la vista que la política actual beneficia a quienes tuvieron éxito explotándolo. Estamos viendo lo que sucede cuando el capitalismo extractivo se convierte en la doctrina gubernamental.
La búsqueda de ganancias a corto plazo y consumo ciego está destruyendo el planeta, lo que perjudica a la mayoría de las empresas. Para ponerlo en perspectiva, cuando Patagonia se fundó en 1973, la esperanza de vida promedio de una empresa estadounidense según el índice Standard & Poor 500 era de 30 años. Hoy es menos de 18 años. Muchas empresas se están monopolizando o vaciando y la población de multimillonarios va en aumento. El éxito empresarial pasó de basarse en tener una empresa duradera a venderla al mejor postor. No es sostenible en el tiempo, pero no hay indicios de que vaya a cambiar pronto. Acompañado de un ataque a la ciencia que destruyó décadas de progreso sobre el cambio climático, cualquier empresa interesada en la supervivencia a largo plazo debería enfocarse principalmente en salvar el planeta, a menos que se le ocurra una forma de ganar dinero con un planeta muerto.
“He estado trabajando más duro de lo que una persona de 87 años debería”.
Patagonia no es una empresa perfecta. No tenemos todas las respuestas, pero el miedo a tomar malas decisiones en el proceso no debe impedir que tratemos de hacer las cosas bien. Todavía nos falta mucho trabajo para alcanzar el máximo rendimiento de la estructura de nuestra empresa, demostrar que este experimento funciona y explicar la importancia que tiene para los empleados y la comunidad.
Lo que está claro es que, aunque hemos hecho mucho trabajo con nuestros productos y nuestra cadena de abastecimiento, y hemos donado mucho dinero a organizaciones ambientales sin fines de lucro, no es suficiente. Podemos dedicar todo el tiempo y los recursos que tenemos a salvar el planeta, pero nuestro impacto resulta limitado si tenemos en cuenta a qué nos enfrentamos. Sin embargo, si apoyar a activistas comunitarios nos ha enseñado algo es que, cuando una cantidad suficiente de personas se reúne, es posible derribar un sistema.
Para llegar a eso, no alcanza con que las empresas ofrezcan un buen servicio o fabriquen productos de calidad. Y definitivamente no alcanza con que enriquezcan a un pequeño grupo de personas. Lo que pueden y deben hacer es resolver problemas. La influencia corporativa cruza fronteras y modela políticas gubernamentales en todas partes. Imaginen qué pasaría si los grupos de interés y activistas importantes priorizaran la salud del planeta y de las personas por sobre la desregularización ambiental. O incluso si solo algunas megaempresas multinacionales dedicaran una parte de sus ganancias a buenas obras sin pensar en la deducción fiscal. Al mismo tiempo, si varias empresas se juntaran y decidieran que nuestro planeta tiene prioridad por sobre las ganancias, podríamos cambiar el mundo. Podríamos cambiar el capitalismo para siempre. Incluso, podríamos salvar el planeta.
Los próximos 50 años no serán fáciles. El planeta está pasando por tiempos difíciles y muchos líderes han sucumbido al cinismo o al mercantilismo. Pero no tenemos por qué seguir sus pasos. Las empresas y la sociedad pueden dejar de lado la desesperanza y la apatía para dar lugar a un futuro que pueda respaldarnos a todos. Podemos negarnos a que la ganadería industrial, la contaminación del aire y del agua, y las ganancias trimestrales sean la base de nuestra moral.
Podemos cambiar esta forma letal de capitalismo extractivo que nos ha traído hasta aquí. Pero debemos dar el primer paso.